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Mentiras disfrazadas de verdades: Fake News

Existen medios de comunicación que alteran su contenido como una estrategia de manipulación hacia la opinión pública denominada fake news.

Imagen tomada de: http://barricada.com.ni/fake-news-contra-venezuela-manipulan-la-opinion-publica/

 

Desde que el internet es de fácil acceso para las personas, la información que allí se encuentra no tiene una cabeza o un orden que la controle, por ende, su origen es cuestionable. Actualmente se habla de Fake News, un término denominado para aquella información publicada deliberadamente en medios digitales o impresos que no ha sido comprobada, carece de fuentes identificadas y sin supervisión de un editor; su objetivo es influir en la opinión pública, crear inseguridad, sospechas, desestabilización o simplemente se hace por diversión.

 

Las propias características del Internet, su accesibilidad y alcance de difusión, propician que cualquier persona pueda ser autor de un contenido falso. Esta realidad cuenta además con un nombre propio entre los internautas, la palabra de origen anglosajón fake hace referencia precisamente a los archivos falsos o montajes fotográficos que están presentes en el día a día de Internet, difundidos en ocasiones a modo de virales. De esta manera la línea entre la fantasía y la realidad es cada vez más difusa y el juego de perspectivas con el lector se ha normalizado en la comunicación de la Red.

 

Por otra parte, el fake funciona cuando el formato resulta novedoso y creíble. De hecho, se puede afirmar que en Internet se ha construido gran parte de la cultura de lo falso y en muchos casos la de las leyendas urbanas. Como lo expresó Delia Rodríguez, periodista, en su artículo El arte de mentir en Internet, “Internet es más proclive al fake que otros medios por dos razones. Una de ellas es la accesibilidad, que motiva que cualquiera pueda crear un contenido falso. La otra es la viralidad de la propia Red” 1.

 

La característica mercantil de los medios de comunicación privados, y política de los medios públicos, no está muy alejada de las realidades de cualquier recurso de producción, en el que una empresa manufactura un producto que circulará por un canal de distribución hasta llegar a un consumidor. Al menos así ha sido analizado por Rodrigo Alsina, Licenciado en medios de la información, en su libro, Teorías de la comunicación: ámbitos, métodos y perspectiva, “en un trinomio de producción, circulación y consumo con el que identifica la preexistencia de condiciones político-económicas que determinarán el enfoque de la industria comunicativa y, por ende, su producto, sus estrategias discursivas y sus potencialidades tecnológicas” 2.

 

Habla también de una situación precomunicativa de la audiencia receptora que determinará la propia penetración e injerencia de las ideas expuestas por estos medios en la opinión pública. O como lo afirma McLuhan en Understanding the Media: The Extensions of Man, “un medio de comunicación bien puede ser un vehículo de pensamiento, pero también puede ser el conductor del mismo” 3.

  

Imagen tomada de: https://biblioguias.uam.es/prensa/noticias_falsas

Las noticias falsas en sentido estricto pueden tener motivaciones económicas, políticas o un poco de ambas. En el primer caso, se trata de operaciones comerciales que buscan generar tráfico a partir de contenidos falsos y, sobre todo, titulares sensacionalistas a los que la gente les da clic, pero cuya información relacionada no tiene sentido o relevancia alguna. En el segundo caso, las noticias intentan parecer auténticas no tanto para generar tráfico y ganancias sino para manipular el debate público a favor de determinados intereses políticos.

 

Compartir a alguien una información que no es verdadera es una situación que puede darse con frecuencia, como afirma Gabriel Galdón, licenciado en ciencias de la información, se produce de forma no intencionada, simplemente por un error. Sin embargo, sólo podrá hablarse de desinformación “cuando hay intención clara de engañar por parte de los promotores y realizadores de la información” 4.

 

Se considera que la desinformación tiene por objetivo llevar a cometer actos colectivos o a difundir opiniones que correspondan a las intenciones del desinformador. Según Fraguas de Pablo, en su libro Teoría de la desinformación, la intención desinformativa del emisor es “el factor que caracteriza la desinformación y la diferencia de otras figuras con las cuales se podría confundir” 5. Esta misma opinión la comparte Emmerich, que considera que “la condición fundamental para que se dé la desinformación es la intencionalidad, porque mientras no haya intención no hay desinformación” 6.

 

Teniendo en cuenta que existe la alteración en la información como estrategia de manipulación, aparece un nuevo concepto que es la “Posverdad” y esta, según la RAE, es aquella “circunstancia en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”, es un elemento disruptivo y perturbador que produce un efecto desestabilizador y una respuesta irracional en la sociedad.

 

En este sentido, el término ha venido reflejando que aquello que las personas sienten ante un estímulo, sus emociones respecto de una idea o de un líder, o sus sensaciones subjetivas influyen de una forma más efectiva en la toma de sus decisiones que los datos y estadísticas objetivas o los hechos comprobados siendo más importantes para ellos que la verdad. Lo que cuenta como “hecho” es simplemente la visión de alguien que siente que es cierto o verdad. 

 

Imagen tomada de: http://www.hoytamaulipas.net/infografias/640/Facebook-contra-las-noticias-falsas-.html

La posverdad no es sinónimo de mentira, sino que describe una situación en la cual, a la hora de crear y modelar la opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. Según Llorente y Cuenca, en su libro La era de la posverdad: realidad vs percepción, comentan que “La posverdad consiste en la relativización de la veracidad, en la banalización de la objetividad de los datos y en la supremacía del discurso emotivo” 7.

 

En definitiva, se entiende que la desinformación es un fenómeno en el que el emisor tiene el firme propósito de ejercer algún tipo de influencia y control sobre sus receptores para que éstos actúen conforme a sus deseos como lo afirma Van Dijk, en su artículo Discurso y manipulación: discusión teórica y algunas aplicaciones, “Es, por eso, un fenómeno claramente intencional, en el que el emisor busca su propio beneficio y en el que, por tanto, se produce un abuso de poder” 8. Sin embargo, se cree que cuando esta información falsa es compartida por usuarios sin la misma intención que la del propietario del contenido, esta acción no cuenta como desinformación.

 

Aunque internet haya traído consigo la era de la información pública o abierta, con el tiempo también terminó trayendo información capaz de manipular y transformar el pensamiento de las personas, los gustos e incluso las acciones. Haciendo que un determinado grupo de personas actúen a favor de los objetivos de aquel contenido sin tener razón alguna que están siendo engañados y por últimas utilizados, lo cual es una consecuencia negativa debido a que no existe una autonomía de sí y por el contrario las personas están siendo alienadas por este tipo de comunicados.

 

Se debe tener en cuenta que ninguna persona está exenta de caer en las fakes, pues estas existen en todas las áreas de la vida cotidiana, un ejemplo claro es el capitalismo, donde existe un sometimiento bajo el dominio de falsas promesas maquilladas en un discurso elaborado alrededor de las características de productos con el fin de aumentar sus ventas atrofiando así la libertad por el manejo de la industria.

 

Por otro lado, cuando hablamos de la “posverdad”, no estamos hablando más que de una rama de lo fake, debido a que esta tiene el mismo cometido, pero con una diferencia y es que este recurre a los sentimientos y las creencias; es muy frecuente en plataformas como las redes sociales, donde se publica y comparte información de interés para todas las personas, debido a que puede llegar a relacionarse con las emociones o creencias de los usuarios, creando así debates que en muchas ocasiones son de temas sociopolíticos.

 

 


 

1. RODRÍGUEZ, D. (2010) El arte de mentir en Internet. Público. Consultado el 1 de julio de 1014. http://www.publico.es/321962/el-arte-de-mentir-en-Internet.


2. RODRIGO, M.(2001). Teoría de la comunicación: Ámbitos, métodos y perspectivas. Barcelona: Bellaterra.

 

3. MCLUHAN, M. (2003). Understanding the Media: The Extensions of Man. California: Gingko Press.


4. GALDÓN, G. (2006). Desinformación: Métodos, aspectos y soluciones. Pamplona: EUNSA.


5. FRAGUAS DE PABLO, M. (1985). Teoría de la desinformación. Madrid: Alhambra.


6. EMMERICH, N. (2015). “Campaña de desinformación”. En Crespo Martínez, I.; D’Adamo, O.; García Beaudoux, V. y Mora Rodríguez, A. (coords.).

Diccionario Enciclopédico de Comunicación Política. Madrid: ALICE y Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, p. 44-47.  


7. LLORENTE y CUENCA. (2017). La era de la posverdad: realidad vs percepción. España: Madrid.}


8. VAN DIJK, T. (2006). “Discurso y manipulación: discusión teórica y algunas aplicaciones”. Revista Signos, vol. 39, núm. 60, pp. 49-74.

 

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